Un día cayó en mis manos un libro maravilloso de Antonio Machado, de esto hace ya bastante tiempo. El libro se titulaba Yo voy soñando caminos, y era una preciosidad, su lectura me cautivó, estaba realmente impresionada.
En la madrugada me desperté como otras tantas veces cuando estoy inspirada. Entonces comencé a escribir El duendecillo poeta y no paré hasta que lo acabé. Había amanecido y el sol, nuestro querido sol canario, estaba brillando.
