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A un gran amor,
a un sueño
que se hizo realidad
TÚ, EL VIENTO Y EL MAR
Y cuando yo estoy alegre
me encanta callejear
con los niños,
con los perros y los gatos,
con la gente…
Entro a la iglesia a rezar
con mi luna,
con tu brisa y con tu mar,
como si en cualquier esquina
yo te volviera a encontrar.
Eres un ser especial:
romántico,
soñador,
aventurero,
solitario,
vagabundo.
Tú eres de otra galaxia
y por eso yo te quiero.
En mis noches de soledad
oigo tu música,
oigo en las noches tu voz
y me invade la tristeza.
¡Ay que profunda nostalgia!
Se me rompe el corazón.
¡Ay que tremenda emoción!
Quemaron tu cuerpo un día,
y no pudieron quemar
tu voz, tu risa, tu aliento
tu manera de mirar,
tus manos largas de ensueño…
¡Nunca las podré olvidar!
Me gustaría ser gaviota,
vivir siempre junto a ti,
abrazarte con mis alas,
escribirte con mi pico
canciones de amor sin fin.
Virgencita marinera,
reina del cielo y el mar,
no nos dejes naufragar
envuélvenos en tu manto
de estrellas y de coral.
Tú tenías un deseo,
querías morir en mis brazos
y por las cosas de la vida
el sueño no se cumplió.
¡Perdóname compañero!
Celosa estoy de tu mar
y celosa estoy del viento,
celosa estoy de la luna
y no poderte cantar
canciones de nuestros tiempos.
En recuerdo de nuestro gran amor
compañero,
he sembrado una mariposa roja
en tu mar,
que expande sus bellísimas alas al viento
queriéndonos cautivar.
Mi casa es un barco de vela
que se marchó por el mar,
en busca de un marinero
que encontró la libertad.
En tus sueños
me he dormido
y no quiero despertar,
que los sueños que he tenido
superan la realidad.
Mi casa es un barco de vela
que abrió sus alas al viento
y navega por la mar,
y la luna, una gaviota
que de pronto echó a volar.
Bajo la noche estrellada
pasea la media luna su cabellera de plata
mientras, una mariposa roja
relampagueando en la mar,
gritando a los cuatro vientos,
¡nunca te podré olvidar!
Marinero, marinero
he sembrado la semilla
de tu árbol en tu mar,
en recuerdo de nuestros amores
que ni el viento ha podido borrar.
En el puerto
hay un barco blanco
lleno de adelfas divinas,
anuncian, la primavera ha llegado
a nuestras heladas vidas.
He sembrado marinero
una maravillosa Araucaria
en tu mar
ha crecido tanto, tanto,
y es que el cielo parece llamar.
A tu mar yo me fui un día
suspirando por tu amor,
y sentí que me querías
y tu amor era tan grande
como un navío español.
Marinero, al atardecer
una mariposa blanca como el alba
cruza la mar
a tu encuentro.
Hoy más que nunca estás en mi jardín
como siempre quisiste estar,
como un barco varado en tierra
o como un árbol en alta mar.
Yo soy el viento
que empuja tu barco de vela al mar,
soy la estrella que plantaste
en el árbol del adiós.
Eres el faro que guía
mi barco de vela a tu puerto,
eres la luz de la antorcha
que no la apaga ni el viento.
Una mariposa roja
en mi jardín se posó,
en sus alas un mensaje…
y mi corazón lloró.
Aunque te hayas marchado
con tus alas volverás,
a tu Tenerife amado
del que nunca partirás.
Yo no sé qué es más hermoso
si dormir o despertar
escuchando el oleaje
a la orillita del mar.
La inspiración me visita,
la diosa del más allá,
y en su mensaje me dice
que no deje de soñar.
El barco de mis amores
navegando en mi mar va,
con sus alas desplegadas
no teme la tempestad…
El día que tú te vayas
yo me quisiera morir,
¡para que quiero mi vida
si ya no te tengo a ti!
Sé que tu cuerpo quemaron,
y el viento que se enteró
con sus alas azul rojas,
con sus alas, te salvó.
No ha habido boda más bella
que la boda de los dos,
por testigo las estrellas,
¡por padrino solo Dios!
Mi casa es un pajarito
pequeñito y saltarín,
que retoza por la playa
siempre buscándote a ti.
Tus ojos me encandilaron,
me encandilaron a mi
miran en la lejanía
siempre buscándome a mi.
Marinero, marinero
en el puerto
hay un barco blanco
esperándonos para partir.
Aunque estés en alta mar
mira si te quiero yo,
que cruzaría los mares
para estar siempre junto a ti.
Yo sé que tú no estás muerto,
aunque tengas por tumba el mar…
Tamarindos de tu playa
me has querido regalar.
Hambre tengo de tus besos,
hambrienta estoy de tu amor,
hambre tengo de tus manos,
hambrienta estoy de tu voz.
El día que yo me muera
que me entreguen a tu mar,
que tus redes me protejan
y me den la libertad.
Porque me siento un velero
que sueña con navegar,
en los brazos de mi amante
quisiera yo naufragar…
Me gustaría en tu barco
recorrer la inmensidad,
y por brújula una estrella
pececillos en la mar.
No te marches compañero
que sin ti me moriré,
¡no te entristezcas mi niña
que yo siempre volveré!
En la isla ha llovido
y están los campos en flor,
y ¿para qué te lo cuento?
¡lo sabes mejor que yo!
Un coro de pajaritos
me vinieron a cantar
al jardín de tus amores
donde nuestra adelfa está.
Una ola gigantesca
invadió mi corazón,
que no hay cosa más tremenda
que la muerte de un amor.
La sirena de tu barco
me estaba diciendo adiós,
como un cruel presentimiento
el presagio se cumplió.
Te llevaste compañero
te llevaste al partir,
un trozo del alma mía,
¡el otro muere sin ti!
El eco de tu voz me llama,
el eco de tu voz en el mar,
el eco de tu voz en el viento,
el eco de tu voz en mi hogar.
Del cielo una noche blanca
una estrellita cayó,
la recogí con mis manos
y conmigo se quedó.
El eco de tu voz me llama,
el eco de tu voz en el mar,
el eco de tu voz en el viento,
el eco de tu voz en mi triste soledad.
Un pajarito divino
me ha enseñado a recitar,
él salta de rama en rama
y no cesa de piar.
¡Pececillos en la mar!
¡Pececillos en tu mar!